Por Isbe Rodríguez
Los despertares nocturnos son frecuentes en los bebés. Entender por qué ocurren puede ayudarte a tener expectativas más realistas y acompañar mejor su sueño.
Tu bebé se duerme y, por fin, puedes descansar. Pero poco después vuelve a despertarse. Lo alimentas, lo calmas o lo acompañas hasta que vuelve a dormirse. Y unas horas —o a veces minutos— después, vuelve a ocurrir.
Si esta situación te resulta familiar, hay algo importante que debes saber: los despertares nocturnos son frecuentes durante los primeros meses y años de vida. Pero entender que son normales no siempre hace que sean fáciles de llevar.
La pregunta no es solo ¿por qué se despierta mi bebé? También es: ¿qué necesita cuando se despierta y cómo puedo acompañarlo?
Los bebés, igual que los adultos, no duermen de forma completamente continua. El sueño está formado por diferentes ciclos y, entre ellos, pueden producirse pequeños despertares. Muchos pasan desapercibidos. Otros hacen que el bebé se mueva, haga pequeños ruidos, abra los ojos, se queje, llore o necesite la presencia de un adulto.
Los despertares suelen ser especialmente frecuentes en los primeros meses y disminuyen progresivamente con la maduración, aunque cada bebé tiene su propio patrón de sueño.
Despertarse no significa necesariamente que algo vaya mal.
No existe una única respuesta. El sueño de un bebé depende de muchos factores y puede cambiar incluso de una semana a otra. Estas son algunas de las razones más frecuentes.
Los recién nacidos y los bebés pequeños no duermen como los adultos. Durante los primeros meses, su sueño está repartido a lo largo de las 24 horas y su ritmo entre el día y la noche todavía se está organizando. Los recién nacidos se despiertan con frecuencia, habitualmente cada pocas horas, y todavía no tienen un patrón de sueño nocturno maduro. Con el crecimiento, el sueño suele ir consolidándose progresivamente, pero esto no ocurre de la misma manera ni al mismo ritmo en todos los bebés.
La maduración del sueño no sigue un calendario exacto.
En los primeros meses, despertarse para comer es completamente esperable. Los bebés tienen necesidades nutricionales diferentes según su edad, su crecimiento, el tipo de alimentación y su situación individual. Por eso, no existe una edad universal a partir de la cual todos los bebés deban dejar de despertarse para alimentarse. Un bebé que se despierta para comer no está necesariamente "durmiendo mal": sus necesidades cambian con el tiempo.
Si tienes dudas sobre las tomas nocturnas de tu bebé, especialmente durante los primeros meses o si existen problemas de crecimiento, consulta con su pediatra.
A veces parece que el bebé se ha despertado completamente, pero no siempre es así. Puede moverse, hacer muecas, emitir pequeños sonidos, quejarse o cambiar de postura. Especialmente en los recién nacidos y bebés pequeños, estos movimientos y ruidos pueden formar parte del sueño.
No todos los movimientos significan que tu bebé se haya despertado. A veces, esperar unos instantes y observar puede ser suficiente.
Todos tenemos pequeños despertares durante la noche. Pero no todos necesitamos la misma ayuda para volver a dormir. Algunos bebés vuelven a dormirse solos. Otros pueden necesitar contacto, una toma, succión, movimiento, la presencia de sus padres o consuelo.
Esto no significa que los padres estén haciendo algo mal. Cada bebé tiene sus propias necesidades y su propia forma de volver a dormirse, y con el crecimiento estas necesidades pueden cambiar.
El sueño infantil no es lineal. Un bebé que dormía mejor puede empezar a despertarse más. Esto puede coincidir con cambios en el desarrollo, adquisición de nuevas habilidades, cambios en las rutinas, viajes, inicio de la escuela infantil, enfermedades, molestias o cambios en el entorno.
Por eso, cuando tu bebé empieza a despertarse más, puede ser útil preguntarte: ¿ha cambiado algo recientemente? No siempre encontrarás una causa concreta. Y eso también es normal.
Esta es una de las situaciones que más preocupación genera. Pero que el sueño cambie no significa necesariamente que haya aparecido un problema. El sueño de los bebés evoluciona continuamente: puede haber periodos de más despertares, siestas diferentes, mayor necesidad de contacto, dificultades para dormirse o cambios temporales en la rutina.
Que tu bebé haya dormido bien durante una etapa no significa que su sueño no pueda cambiar después.
Por eso, más que esperar una progresión perfecta, es mejor entender el sueño como un proceso de desarrollo.
La respuesta depende de varios factores: la edad, el desarrollo, las necesidades de alimentación, el estado de salud, el temperamento, el entorno y la forma en que consigue volver a dormirse.
La AEP señala que los despertares nocturnos son frecuentes en los niños pequeños y que van disminuyendo progresivamente con la edad. También recuerda que cada niño tiene sus propias necesidades de sueño. Por eso, no existe un número de despertares que permita, por sí solo, decir si un bebé duerme bien o mal: hay que valorar al bebé en su conjunto.
No existe una fórmula que funcione para todos los bebés, pero algunas medidas pueden ayudar a crear condiciones favorables para el descanso.
Durante el día: aprovecha la luz natural, mantén una actividad normal e interactúa con tu bebé cuando esté despierto. Durante la noche: utiliza poca luz, reduce los estímulos, habla y actúa con calma e intenta que las tomas y cuidados sean tranquilos.
Los recién nacidos no distinguen inicialmente entre el día y la noche, y esta organización se desarrolla progresivamente.
No necesitas una rutina perfecta. Puede ser simplemente una secuencia predecible: bajar el ritmo → cuidados → toma → momento tranquilo → dormir. La rutina debe adaptarse a la edad, las necesidades del bebé y la realidad de vuestra familia.
La constancia puede ayudar. La rigidez no es necesaria.
Si tu bebé hace pequeños ruidos o movimientos, espera unos instantes antes de asumir que se ha despertado por completo: puede volver a dormirse sin necesitar ayuda. Pero si está inquieto o llora, responde a sus necesidades.
La AEP recomienda observar primero y, si el bebé continúa inquieto, ofrecerle los cuidados, alimento o afecto que necesite.
Este punto es probablemente el más importante. No todos los bebés duermen las mismas horas, hacen las mismas siestas, dejan de despertarse a la misma edad o necesitan la misma cantidad de ayuda.
Comparar constantemente el sueño de tu bebé con el de otros puede generar una sensación de problema donde quizá existe simplemente una variación normal.
Tu bebé no tiene que dormir como el bebé de otra familia.
No necesitas: perseguir una rutina perfecta, cambiar constantemente de estrategia, pensar que cada despertar significa un problema, medir tu éxito como madre o padre por las horas seguidas que duerme tu bebé, ni comparar continuamente su sueño con el de otros niños.
Acompañar el sueño de un bebé puede ser cansado. Y reconocerlo también es importante.
Los despertares nocturnos, por sí solos, suelen formar parte del desarrollo. Sin embargo, conviene consultar si observas:
También es recomendable consultar si tienes la sensación de que algo no encaja. Los problemas persistentes para iniciar o mantener el sueño que afectan al funcionamiento o bienestar del niño y la familia merecen una valoración individualizada.
Cuando tu bebé se despierte esta noche, quizá no necesites preguntarte inmediatamente «¿qué estoy haciendo mal?». Los despertares forman parte del sueño y del desarrollo infantil.
Tu bebé puede despertarse porque tiene hambre, está pasando de un ciclo de sueño a otro, necesita consuelo, está experimentando cambios o su sueño todavía está madurando. O simplemente porque los bebés, como todos nosotros, también se despiertan durante la noche.
Entender por qué ocurre no hará que todos los despertares desaparezcan. Pero puede ayudarte a afrontarlos con menos preocupación y con expectativas más realistas.
RECUERDA
Tu bebé no tiene que dormir toda la noche para estar sano. Despertarse no significa necesariamente que algo vaya mal. El sueño cambia con el desarrollo. Cada bebé tiene su propio ritmo.
Y cuando tengas dudas: observa a tu bebé, observa cómo evoluciona y pide ayuda cuando algo te preocupe.